sábado, 17 de octubre de 2015

queda armonía de las cosas


Fue un accidente terrible. Absurdo y terrible. Sólo la casualidad le salvó de morir. No era ni mejor, ni más precavido, ni más fuerte que aquellos que sí lo hicieron.

Pasó cinco semanas en un aséptico hospital, cerrando las heridas. Acostumbrado como estaba a una actividad sin pausa, esa quietud le resultó desconcertante. No pudo reflexionar, porque no estaba habituado a ello. Pero tenía la cabeza inmovilizada y la vista fija, con lo que no pudo evitar observar las pequeñas cosas que le rodeaban, que pasaban frente a sus ojos y antes no era capaz de advertir.

....  el parpadeo de una bombilla a punto de extinguirse , el aroma a jabón de la enfermera  cuando le arreglaba la cama ...

Y así comenzó a adivinar la belleza que se oculta tras la quietud y el silencio de las cosas. Su forzoso descanso le puso en consonancia con un mundo que se movía a su misma velocidad y con el que contrajo un compromiso inquebrantable . 

… la música opaca  de la lluvia sobre la grava del patio, un vaso que cae y se funde con el agua que contiene ...

Cuanta más pálida y desconocida belleza encontraba, cuanto más lleno de ella estaba, más callaba. Incapaz de comunicar , ni siquiera acercarse, a todo cuanto sentía. Malditas palabras. Los médicos achacaron su silencio a un bloqueo post-traumático  y pidieron paciencia. Como hacen siempre . 

... una mota de polvo , posándose exactamente en su sitio . El temblor de una hoja , animada
por una brisa inesperada ....

Fue dado de alta y conducido a su casa. Su antigua casa.Yació en la cama día y noche. Mirando y asombrándose. Incapaz de reparar en nadie más que en sí mismo. Desapareció el rencor de su vida. También la amargura y la frustración. Y el deseo se marchó junto a ellas. Sólo sentía paz y armonía. Nada había que mereciera el mínimo esfuerzo. La única respuesta era la inacción y el silencio .El único estado que permitía observar absorto  el transcurrir del tiempo.

... el paso majestuoso de la luz , recorriendo una pared desnuda, el crujir de sus músculos, sucumbiendo ante tanta inactividad .... 

Le declararon incapaz. Fue considerado enfermo mental. No le importó cuando todos sus bienes le fueron embargados. Donde fue recluido le permitían salir al jardín cuando le apetecía y eso era todo cuanto necesitaba. Su mujer le visitaba cada día. Se postraba ante él y le suplicaba una palabra, un gesto, una explicación a su silencio, tan cruel. La belleza de las lágrimas resbalando por sus mejillas, aquéllas tantas veces besadas, le sumió en un estado todavía más alejado de  la realidad. Ella dejó de visitarle, claro. Eso le dolió, al principio. Un día una nube pasó frente a él, imponente, dejando tras de sí un cortejo de algodón. 


No volvió a acordarse de su mujer. Ni de ninguna otra persona. 

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